Ganadería de Concha y Sierra

Los fuegos y juegos, a veces inexplicables, que conjuga la cadena genética hacen que la capacidad de sorpresa del ser humano sea todavía posible. Los pelos y pintas de la “Ganadería de Concha y Sierra” son como una explosión maravillosa de flores inverosímiles nada más empezar la primavera. Esos estigmas, dejados primero por Vicente José Vázquez y después por la familia de Concha y Sierra perduran hoy con el mismo brillo que antes. Ante esa “carga bestial genética” y con las armas del trabajo y de la afición, la familia García Palacios sueña despierta para que los toros de la “viuda” engorden, aún más, ese gran pedazo de historia que escribieron.

Sobre las tierras llanas de la Castilla que versó Machado, que narró Azorín y que pintó Gutiérrez Solana se fraguaron a comienzos del pasado siglo sueños de hombres que querían ser ganaderos de toros bravos. Pero la vida, caprichosa y desleal muchas veces con los retos, quiso que la realidad de la familia García Palacios fuera pospuesta. Entre 1940 y 1950 pudieron saborear el almíbar de una ganadería, la del Marqués de Villamarta, que ha dado numerosas alegrías, con posterioridad, a la familia Núñez. Pero se tuvieron que conformar con sólo saborear el dulzor y han tenido que pasar otros cincuenta años para que la familia García Palacios recogiera ese dulzor dejado en el paladar. Lo hacen ahora con una “marca” ganadera mítica y legendaria que ha hecho historia durante más de dos siglos: ahí es nada.

Los toros de la Viuda de Concha y Sierra han sido relegados durante un tiempo a su historia: nada más. Hoy siguen siéndolo, aunque hoy también vuelven a respirar actualidad. Algo que sin duda hay que adjudicar en gran parte al esmero, al rigor y a la afición de una familia decidida a colocarla, de nuevo, en el sitio que nunca debió perder.

Señor García Palacios, ¿cuándo deciden hacerse ganaderos, y por qué?

Por parte de familia paterna el tema de la ganadería se remonta a más de un siglo. Nuestra ascendencia viene de tierras palentinas y burgalesas y de tradiciones basadas en un pasado ganadero y además peletero. En concreto, la ganadería brava hay que asociarla a mi abuelo, que fue el primero que decidió dedicarse a ésto. La adquirió al Marques de Villamarta, incluyendo la finca en Trebujena, y la tuvo durante 15 años, entre los años 40 y 50. Pero decidió venderla a la familia Núñez, que son, en la actualidad, los propietarios tanto de la finca como de la ganadería.

Tras un paréntesis de 40 años, en 1993 mi padre adquiere una ganadería brava de la Asociación. Cuando aún no habían sido trasladadas las reses a nuestra finca, “Dehesa Boyal”, un mes y medio después de ser compradas, entre finales de 1993 y principios de 1994, compramos la “Ganadería de Concha y Sierra”. Los motivos: pues imagínate. Mi padre, que era hijo único, había tenido la posibilidad en su juventud de tener una ganadería, pero debido a las distancias, al negocio familiar y demás circunstancias, aquello no interesó demasiado. En parte, por que no había opciones de gestionarla con detenimiento ya que la mayoría de las fincas estaban situadas en las provincias de Huelva y Cádiz. Y finalmente se tomó la decisión de prescindir de ellas. Pero claro, eso creó en mi padre una afición tremenda, constante, nos la ha transmitido a nosotros. El contacto con la ganadería fue decisivo para que nosotros tomáramos la decisión de adquirir una ganadería brava.

Sabíamos lo que hacíamos. Teníamos entre nuestras manos la posibilidad de trabajar con un trozo tan importante e intenso, que no nos resistimos: y bien que nos alegramos.

Cuando ustedes deciden comprar lo de “Concha y Sierra”, ¿por qué se inclinan por la casta Vazqueña pudiendo haberse decantado por Vistahermosa?

La decisión no se basaba en inclinarnos por un encaste o por otro. La decisión fue hacernos con un hierro señero. Nosotros evaluamos con rigor los pros y los contras de comprar Concha y Sierra, pero la oportunidad nos pareció única por distintos motivos. Sabíamos en qué momento estaba; sabíamos dónde nos metíamos, es decir, éramos conscientes de lo que comprábamos y cómo lo comprábamos. Pero también teníamos entre nuestras manos la posibilidad de trabajar con un trozo intenso e importante de la Fiesta, que ha sudo leyenda durante más dos siglos. Esa fue, finalmente, una de las razones que nos hizo inclinarnos por ella: y lo cierto es que después nos hemos alegrado bastante. El resto de ganaderías que evaluamos fueron desechadas debido a que queríamos trabajar en exclusividad, y la única que nos brindaba esa exclusividad era lo de Concha y Sierra.

Con qué se encuentran cuando toman las riendas.

Conocíamos perfectamente la historia de la ganadería. Miguel Báez Espuny, su anterior propietario, era un gran amigo de esta familia, por lo que nos resultó fácil tener conocimiento de ella. Aunque la mano de Miguel había logrado mejorarla, la realidad era que la ganadería había sufrido constantemente desde que falleció la última viuda de Concha y Sierra, haciéndola pasar durante ese tiempo por unas vicisitudes que la colocaron en el ostracismo.

Miguel compra la ganadería a la sociedad americana “King Ranch España, S.A.”, que a su vez había comprado una finca, con la ganadería de Concha y Sierra incluida, a José Luis Martín Berrocal. Cuando Miguel se la adquiere a dicha sociedad se encuentra con más de 300 vacas. La primera decisión que toma es la de retentar todo, quedándose con 84 vacas, y enviando el resto al matadero. Unos 15 años después de que Miguel tomara las riendas le compramos la ganadería, que incluía 245 vacas madres, todos los sementales, siete en total, y todas las hembras marcadas, es decir, eralas por tentar, añojas y el herradero de becerras de ese mismo año. Los machos, es decir, los añojos herrados, los erales, los utreros y los toros se los dejamos a Miguel.

¿Qué era lo que pretendíamos con ello?: algo bien sencillo. Nosotros pensamos que si nos hubiésemos inclinado por algo de Vistahermosa para hacer una ganadería propia, con nuestro nombre, sin duda que habríamos vendido las corridas, habríamos pecado de ese poquito de vanidad, que es lícito tenerla. Pero nosotros entendimos esto de otra manera. El reto de Concha y Sierra debía empezar desde el más absoluto fondo de la ganadería, desde el conocimiento profundo de familias y reatas mediante una rigurosa selección. Entendimos que la única forma de no distraernos de ese objetivo era no lidiar. Y eso hay que pagarlo y con creces, no solo desde el punto de vista económico sino desde el sacrificio personal y empresarial. Es decir, se trataba de realizar una inversión sin saber cómo iba a rendir hasta pasados por lo menos cuatro años.

¿Y con qué se encontraron en esos primeros cuatro años?.

Ya en 1994 tentamos una camada de 84 becerras de las que fueron aprobadas tres. Al año siguiente se tentaron las añojas herradas y de un total de 79 fueron aprobadas siete. El tercer año empezaron a cubrir unos sementales que le pedimos a Miguel de algunos novillos que él tenía, los cuales seleccionamos y después tentamos. Lo cierto es que un año después de la compra, de 245 vacas que adquirimos habíamos desechado y mandado al matadero en torno a las 130, y que de los siete sementales que compramos nos quedamos con dos. De estos dos sementales, uno se lesionó y cubrió solamente un par de años. El otro, un semental que Litri había probado un año con unas 20 vacas, ha resultado ser a la postre el semental estrella en nuestra casa. Fue aprobado en tienta en 1992, cubrió durante 1993 y en 1994 decidimos no asignarle ningún lote de vacas. En años posteriores ha vuelto a cubrir vacas.

¿A que se debió ese cambio de opinión?.

Se debió, básicamente, al factor suerte. Miguel tuvo buen ojo al, de hecho le estamos agradecidos a Litri, porque al final es un semental con unos porcentajes de regularidad tremendos. “Chivito”, herrado con el número 31, es sin duda la estrella.

Este fue el panorama con el que nos encontramos. Ha sido difícil, pero cuando comienzas a tentar, cuando vislumbras los resultados y comienzas a lidiar los primeros productos te sientes orgulloso al ver que no te has equivocado en la compra; porque lo has comprado sabiéndolo, queriéndolo y conociéndolo.

Ser ganadero y querer ser buen ganadero, le diría que casi es más difícil que ser torero.

¿Cómo formaron el equipo de trabajo?.

Miguel Báez y su mayoral nos sirvieron de gran ayuda y nosotros interpretamos desde nuestro criterio lo que decían, porque ser ganadero es como las tarjetas de crédito: personal e intransferible. Tengo que decir que Miguel nos brindó y nos dio todo tipo de ayuda. Nuestro equipo de trabajo comenzó con un mayoral magnífico al que desde hace cinco meses y por motivos ajenos, no tenemos ahora con nosotros. Este mayoral, Santiago Chacón, ha sido una persona muy experimentada en el campo, grandísimo aficionado (primer ingrediente que tiene que tener el componente de cualquier equipo que gestione una ganadería brava) y fue tremendamente útil a la ganadería. Del resto del equipo destacaría el denominador común de la afición. Cuando mi padre compró la ganadería sabía que la compraba para mi hermano y para mí, por que él pensaba, a pesar de que es joven, que no le iba a dar tiempo para ver triunfar la ganadería y colocarla en el lugar que le corresponde. Además de mi hermano y de mí el equipo está compuesto por gente con una afición desmedida, y eso se nota mucho en el desarrollo de la ganadería.

OCHO AÑOS DE TRABAJO

¿Qué virtudes destacaría de los “conchaysierras” y cuáles son los defectos a corregir?.

Los defectos que nos encontramos en la ganadería fueron más que nada por falta de atención; como, por ejemplo, algún defecto de pitones, pero más que nada, en nuestra modesta opinión, algún cruce que no fue el más idóneo. En 1980 se introdujo un semental del Conde de la Corte con un lote de vacas de Concha y Sierra. Esa cruza fue rechazada por nosotros en su totalidad porque nos ofrecía unas hechuras que se salían del tipo de la vaca Concha y Sierra, y producía embastecimiento en el tipo zootécnico de la ganadería. El porcentaje de este cruce no suponía un número excesivamente alto de vacas, afectaba a un 40% de la ganadería, y empezamos a desechar todo lo que no fuera estimable por comportamiento y bravura. El primer desecho fue por hechura y reata. Eliminamos lo del Conde y comenzamos a seleccionar lo de Concha y Sierra puro.

Una vez determinado el primer desecho comenzamos a implantar nuestros criterios y a materializarlos desde el primer día en las tientas. Si es verdad eso de que “los toros se parecen al ganadero que los cría”, tienen que pasar cuatro o cinco generaciones para que ocurra. Lo de Concha y Sierra es un encaste que se ha mantenido bajo la misma línea y sin cruce alguno desde mediado el siglo XIX, su comportamiento es muy particular y de muy alta calidad. ¿Cuál es el problema que ha tenido la ganadería?. El problema ha sido que los graves baches que tuvo hizo que saliera de las plazas más señeras y, además, dejaron de matarla las figuras durante 35 años. Convencer a las figuras de que este toro era tan bueno hoy como el que salía hace 40 años es cuestión de ir demostrándolo poco a poco.

¿Y las virtudes?

Pues mire, no hemos tenido problemas de caídas; no ha habido problemas de toros mansos; tampoco de toros que desarrollaran sentido. Lo que hemos tenido, para explicarme vulgarmente, ha sido una cebolla. El centro de la cebolla era la pureza de Concha y Sierra; y hasta que no hemos quitado esas capas, que eran los cruces efectuados por el semental del Conde, más la alimentación, más la sanidad y más el manejo, no hemos llegado al corazón, que es tremendamente dulce y con una calidad bárbara

¿Qué sucedió desde que se vieron los primeros productos y en dónde se encuentra, a día de hoy, el proceso evolutivo de la ganadería?

Desde 1998, año donde lidiamos nuestra primera corrida de toros en León, hasta el 2000, dejamos solamente una corrida de toros para ser lidiada. El resto se ha lidiado en novilladas sin caballos y alguna becerrada. Es verdad que si hubiésemos querido rentabilizar la inversión no habríamos maniobrado así. , pero lo primero que teníamos muy claro es que la ganadería era una afición y un reto muy personal. Por tanto estábamos dispuestos a asumir este sacrificio. Sin embargo creemos que ahora ha llegado el momento. Tras estos ocho años de singladura podemos decir que conocemos bastante bien la ganadería, que sabemos cuáles son las familias que tienen un porcentaje alto de no fallar, y que controlamos las condiciones en que debemos tratar a esas familias y a los sementales para que den un resultado lo más próximo posible a lo que estamos buscando.

¿Se han encontrado con dificultades para lidiar los productos?

Sí. En primer lugar porque la ganadería había venido lidiando los últimos años en corridas de rejones. Tuvimos que quitarnos este lastre y decir no a empresarios que nos pedían corridas. Incluso en 1998 y 1999 fueron pedidas para ser lidiadas en Madrid. Pero no queríamos nuestros toros para las corridas de rejones porque estimábamos que había calidad suficiente como para hacerlo en cualquier plaza por cualquier figura del toreo a pie. Lógicamente éramos conscientes de que iba a resultar muy complicado que las figuras la pidieran el año pasado, o este o incluso dentro de dos años. Incluso a lo mejor la matan toreros que no están en lo más alto, pero, bueno, no importa. Nosotros luchamos por quitarnos de las corridas de rejones y lo hemos logrado. También hemos logrado eliminar todo lo proveniente de antiguos sementales, que sacaba fuera de tipo a la ganadería. Hoy, en febrero de 2002, la ganadería no tiene nada que ver con lo de antes y culpa de ello hay que asignársela a los sementales, cuya armonía ha afinado esa desproporción que nos encontramos. Lo de Concha y Sierra se compone hoy de animales más bajos, con mejores hechuras, con morfología más cuidada, y ello hace que sea mucho más apetecible ver las corridas de toros de 2003 y 2004.

Otra dificultad que encontramos es que la ganadería llevaba colgado el sambenito de que estaba podrida. Bueno, no es cuestión de apagar el puro en ojo ajeno, pero pienso que algunos se han tenido que retractar y reconocer que esto empieza a hacer honor a su nombre y a su historia.

¿Cree que si logran revitalizar un encaste mítico como este van a contribuir a que el abanico de encastes se abra, de nuevo, a que otros se animen?

Sería lo más bonito. En nuestro caso, por lo que respecta al encaste Vázquez, va a ser más difícil. Yo creo que, en pureza, lo vazqueño que queda es lo nuestro. No sé si puede quedar algo más por ahí, pues lo más parecido es lo de Prieto de la Cal, pero creo que hace unos años introdujo otra sangre. No obstante, en todas las épocas del toreo ha habido un encaste predominante, aunque querer y buscar siempre la variedad es algo positivo y enriquecedor. Pero hay que tener muy en cuenta cuáles son los encastes que mejor se adaptan a la forma de entender el toreo de cada época. El hecho de que nosotros tengamos algo de Vistahermosa, unas 160 vacas de procedencia Juan Pedro Domecq y Marqués de Domecq corrobora con lo que le he dicho antes.

Pero el hecho de que haya variedad sirve para que no se pierdan auténticos tesoros genéticos, tales como Coquilla, Cabrera, Jijona, Navarra etc. Eso es cultura y lo difícil es saber con precisión las características y cualidades de cada encaste. Si solamente existe el monoencaste y se quiere evaluar al resto en función de uno, estamos en clara desventaja. Se deberían potenciar otros encastes y creo que tanto la Unión como el MAPA están haciendo en este sentido una labor encomiable. Un ejemplo claro de perpetuación de estos tesoros genéticos son los bancos de germoplasma. Pero, además, habría que concienciar al aficionado y al empresario de que abriera el abanico porque eso haría que se enriqueciera este espectáculo y valdría para observar otra forma de torear.

La Fiesta hay que flexibilizarla, hay que darle el valor que tiene en cada sitio, y quienes saben cómo hacer eso son aquellos que la sufren y la disfrutan.

UNA ISLA GENÉTICA

Genéticamente hablando, ustedes no pueden refrescar con otras sangres, ¿qué medidas toman para subsanar posibles casos de consanguinidad?

Es que no se puede. Mire, nosotros estamos en un islote y no hay nadie que nos pueda ayudar. Si tuviéramos algún ganadero más en nuestro islote, sin duda que no estaríamos hablando de este encaste como lo hacemos. ¿Qué conlleva esto?, que la consanguinidad puede traer casos fenotípicos, pero, bueno, la consanguinidad hay que saber conjugarla porque uno de sus primeros efectos es que fija mucho los caracteres de la lidia. No podemos refrescar, por lo que tratamos de indagar en los avances que nos ofrecen los programas informáticos sobre la posibilidad de que el semental cubra vacas que den productos con una consanguinidad más baja. Podemos decir que a día de hoy la consanguinidad en Concha y Sierra está en unos niveles elevados, pero controlados. El día que se descontrolen tendremos que pensar solamente en criar, y cuando saliera un toro con dos pitones, lidiarlo. Pero sabíamos que esa era una rémora que teníamos que aceptar en la ganadería cuando la compramos.

Y siguiendo con este aspecto, ante pelos tan espectaculares como los que se pueden apreciar en el reportaje, uno se pregunta: ¿son producto de una búsqueda fijada mediante la cruza de reses?

Desde 1871, cuando Fernando de la Concha y Sierra funda la ganadería, e incluso si nos remontamos al siglo XVIII, cuando Vicente José Vázquez crea el encaste, podemos decir que se da este florecer genético de los pelajes. En casa hay una carga tan bestial en diversidad genética, en cuanto a pelajes, que es muy difícil prever qué pelo va a salir. Sí que hay un pelo muy prototípico, el burraco. Pero hay veces que te sorprendes; por ejemplo, puede salir un becerro salinero de una vaca cárdena y un toro burraco. Tiras de libros y encuentras que su tatarabuelo tuvo ese pelaje. Los saltos genéticos que da lo nuestro son impresionantes y, la verdad, son una delicia.

UNA FIESTA AUTORREGULADA CON SUPERVISIÓN

¿Qué tres cosas pediría para el fomento y mejora de la Fiesta?.

Yo pediría una, nada más. Autorregulación del sector. Sin lugar a dudas; autorregulación con supervisión.

Por parte de quién.

Creo que si existiera la libertad de que se intervinieran en la regulación de la Fiesta sus protagonistas (Aficionados, Empresarios, Ganaderos y Toreros), veríamos una Fiesta mejor. Hombre, cierto es, también, que esto tiene tanto de dulce como de amargo. E insisto que tendría que venir supervisado por las Administraciones, que se encargarían de velar por el buen funcionamiento. La Fiesta hay que flexibilizarla, hay que darle el valor que tiene en cada sitio, y eso quienes lo conocen bien son aquellos que la sufren y la disfrutan. Creo que ese deseo engloba todo lo demás. ¿Quién mejor que esos cuatro pilares va a querer que las cosas funcionen?. La columna vertebral ha de ser una gestión lógica y razonable; a la medida de cada sitio, y eso pasa por la puesta en común de todos los esfuerzos por parte de todos los interesados en la Fiesta, es decir, autorregulación con una supervisión no vinculada de los gobiernos pertinentes.

¿Eso permitiría mejorar la educación de los públicos?.

Efectivamente. La educación es la base de cualquier éxito y es un trabajo que, a lo peor, falta en la Fiesta de los toros por imposibilidad de hacerlo. Es como el niño que va al colegio y le forman el carácter de forma estereotipada o como que se sirva café con leche para todo el mundo. Creo que juega un papel fundamental el carácter y la personalidad de cada individuo, de cada colectivo, y que debe existir la libertad de que cada uno lo cultive libremente. Falta mucho, en términos generales y no de urbanidad, de educación en la Fiesta, en todos los estamentos que tienen algo que decir o que se creen en posición de tener algo que decir.

Sin ánimo de frivolizar: qué es más fácil, ser ganadero o Presidente del Consejo de un banco.

(Risas). Según desde que punto de vista lo mires. Tener tarjeta de ganadero es muy fácil, basta con tener dinero para comprar una ganadería. Lo que pasa es que ahí puedes incurrir en el error de creer que eres ganadero, cuando solo eres criador de reses bravas, que es bastante distinto. Otra cosa es la profesionalidad, donde el triunfo depende casi siempre de un complejo conjunto de aptitudes y personales. Ser ganadero y querer ser buen ganadero, le diría que casi es más difícil que ser torero. Que te embista un toro; o que le indulten… son cosas que se disfrutan tan íntimamente que eso no se puede cambiar por ningún tesoro en el mundo. Se trata de una satisfacción tan grande como si un hijo tuyo hace algo que te emocione en lo más profundo. Hay muy pocas cosas que se igualen a triunfar como ganadero.

LA CAMADA ACTUAL

¿Cuántas corridas y novilladas tiene para la presente camada de 2002?

Para este año tenemos dos corridas de toros. El hecho de haber reducido mucho la ganadería significa un factor limitante porque no queremos tirar todos los novillos hacia las posibles corridas de toros. Preferimos ir con calma, en un proceso de evaluación continua en el que esos sementales nuevos que comienzan a cubrir están en constante seguimiento. Por tanto, la prudencia va a marcar el desarrollo de la ganadería en los años venideros, una prudencia que no significa miedo a meter la pata o falta de confianza en los toros. Queremos esclarecer y demostrar que esto es Concha y Sierra, que es lo que ha sido siempre y que hay que olvidarse de los 30 años malignos por los que ha pasado la ganadería. Viendo las dos corridas que tenemos en el campo, y en el momento que está la ganadería le diría que la seguridad es muy alta.

¿Y los destinos de esas corridas también están definidos?

En Madrid me tienen dicho que va una corrida nuestra; supongo. La otra corrida no tiene destino. En cuanto a las novilladas sabemos más o menos por donde se van a lidiar, aunque no hay nada aún cerrado

Si regresaran los conchaysierras a Madrid, serían… casi 30 años, o incluso más, ¿cómo cree que sería el retorno a una gran plaza como Madrid?

Creo que hace algo más de 30 años que Concha y Sierra no lidia una corrida completa en Madrid. No tengo el dato muy fresco en la mente. ¿Que cómo sería?, pues no sé. Nosotros tenemos que ser respetuosos con la ganadería y no lidiaríamos en caso de que no pasara completa la corrida. Nos debemos al peso que tenemos sobre los hombros y estamos para disfrutar, no para ser vanidosos

¿Cuál es su máximo reto al frente de la “Ganadería de Concha y Sierra”?

Algunos piensan que este hierro tiene una historia negra. Nuestro reto es cambiar todo ésto y recuperar el crédito que debiera tener. Esto es, regresar a las grandes ferias, sin ningún ánimo de sacar la ganadería fuera de tipo para lidiar. Lo que buscamos es el situar nuestra ganadería en las grandes ferias. Cumpliendo eso, nos sentiríamos satisfechos porque fuera demandada por los aficionados, y, por qué no, por las figuras que tantos éxitos nos dieron antaño.

por David Plaza Hernández
Fotos: Carlos Núñez


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