“Sin el toro, esto no es nada” (Isabel Carpio, ABC)

     El diario ABC lanza hoy un suplemento especial de la Feria de San Isidro. La Secretaria General de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, Isabel Carpio, participa con un artículo titulado Sin el toro, esto no es nada, en el que reclama para aquél “esa parte de protagonismo legítimo que ha perdido” en el espectáculo taurino.

El especial San Isidro 2008 de ABC, de 40 páginas, incluye artículos de Juan Manuel de Prada, Bruno Delaye (embajador de Francia en España) ó Lorenzo Caprile, entre otros, broches de lujo para el trabajo del equipo taurino del diario de Vocento: Vicente Zabala de La Serna, Rosario Pérez y José Luis Suárez-Guanes.

A continuación reproducimos íntegro el artículo de la Secretaria General de la UCTL:

SIN EL TORO, ÉSTO NO ES NADA

Perdonen el titular de Perogrullo, pero a veces tengo la sensación de que no siempre los aficionados lo tienen presente. Y es que, cada vez más, el protagonismo que deberían compartir al cincuenta por ciento los dos actores principales de la tauromaquia, toro y torero, lo acapara casi en exclusividad una de las partes: el torero, que es “sólo” uno de los dos requisitos indispensables para que se produzca el milagro del toreo. Porque cuando vamos a la plaza, lo que queremos ver es TOREO, toro y torero conjuntados en un código técnico y estético que nos hace decir a todos a la vez “Ole”, que nos pone a batir palmas, que nos levanta de la piedra del tendido y que nos envenena hasta hacernos volver una y otra vez a la plaza a pesar de las no pocas tardes de tedio que soportamos temporada tras temporada. No quiero ni quitarle la gloria al torero ni acaparar todo el protagonismo para el toro; simplemente quiero que éste recupere esa parte de protagonismo legítimo que ha perdido.

Y en ello están los ganaderos de bravo, a los que les ha tocado criar el toro con mayores prestaciones de la historia, ese que es capaz de dejarse matar en el telón de acero del peto y luego embestir tres docenas de veces largo, por abajo y en redondo. Casi nada.

Cada vez es más difícil ser criador de toros, y no sólo por las exigencias de la lidia. Nunca como ahora el ganadero ha tenido que hacer frente a unos requisitos sanitarios y de manejo tan estrictos (con la carga laboral y económica que conlleva) y a una brutal subida de los costes de producción que afrontar en solitario. No es de extrañar, pues, que de los 32.500 machos herrados con el guarismo 4, hayamos pasado a los poco más de 26.100 del guarismo 6.

A pesar de todo, el toro continúa aumentando de forma progresiva y segura su rendimiento, con perdón de las primeras ferias de esta temporada (vamos a esperar a que salte al ruedo el toro de las cinco hierbas). Parece que las secuelas por el aumento de volumen del cuatreño, iniciado en la década de los años setenta, ya se han superado y el toro vuelve a moverse con más brío y sin doblar las manos con la desesperante asiduidad con que lo hacía en la década de los ochenta.

Al otro lado de la barrera los problemas también se van solucionando. El sector taurino salió en su día airoso del mal de las vacas locas, y actualmente convive con toda normalidad con la enfermedad de la lengua azul: Tras dos temporadas de restricciones, las ganaderías extremeñas y andaluzas pueden volver a lidiar en Francia. El mosquito culicoides sigue entre nosotros y sin perspectivas de retirada, pero el cumplimiento riguroso y abnegado de los requisitos sanitarios por parte de los ganaderos ha relegado lo que hace no tanto tiempo era una amenaza gravísima para el sector a casi una anécdota.

Con la Feria de San Isidro nos metemos de lleno en una temporada de ilusión y expectativas, cuyo hito se va a escribir los días 4 y 5 de junio, y no me estoy refiriendo ni a la confirmación de alternativa de Cayetano ni a la reaparición en Madrid de José Tomás. Esos días de “No hay billetes” y expectación desbordada en Las Ventas, los sectores profesionales y no profesionales taurinos, aglutinados en la Mesa del Toro, estarán mostrando en la sede belga del Parlamento Europeo la riqueza cultural, humana, ecológica y económica de la Fiesta a través de la exposición “Entre el hombre y el toro”. A partir de ese momento podremos decir que el sector taurino ha cambiado la táctica de defensa arrugada y acomplejada de la tauromaquia por una labor activa de divulgación y promoción de este espectáculo único, que, no lo olvidemos, sin toro no es nada. 

Isabel Carpio


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