24 Privilegios del Toro, 24 reportaje de Toro Cultura

La web el Toro Cultura publica un reportaje titulado los 24 privilegios del Toro, 24 en donde se indican los privilegios con los que goza el toro desde su nacimiento.

Por la extraordinaria defensa que realizan del toro de lidia, nos hacemos eco del reportaje y nos permitimos publicarlo con objeto de conseguir una máxima difusión.

24 PRIVILEGIOS DEL TORO por Toro Cultura

El toro de lidia disfruta de 24 asombrosos privilegios, más que cualquier animal doméstico, más que cualquier animal salvaje, muchos más que cualquier mascota. La mayor parte de ellos son desconocidos, sencillamente porque el estilo de vida actual  es poco propenso a profundizar en los asuntos, y sí a la emisión de opiniones viscerales, muchas veces sin el necesario conocimiento. La hipotética comparativa de los privilegios del toro con los de un ciudadano normal podría conducir a conclusiones inesperadas, así que se ha obviado para evitar un debate ético complejo y, tal vez, sorprendente para el movimiento animalista, que podría concluir que el toro de lidia disfruta de mayor calidad de vida que la inmensa mayoría de los humanos.

1-Privilegio de nacer de forma natural.

El alumbramiento del nuevo toro se produce en el campo, bajo la cúpula del cielo, de manera completamente espontánea, habitualmente en un lugar apartado en el que la vaca considera que el nuevo ser está protegido de sus predadores. Los nacimientos de los becerros no se programan y no existe ninguna incidencia por parte del hombre. Con frecuencia el recién nacido permanece oculto y estrechamente vigilado por la madre durante sus primeras horas, hasta que puede desplazarse con alguna soltura y comienza a acometer.

2-Privilegio de crecer amamantado por su madre.

El toro es criado por su madre desde que nace hasta que cumple aproximadamente un año de vida, momento en el que se integra en el colectivo de iguales en edad y naturaleza. En este periodo la vaca cuida con celo a su becerro, embistiendo a todo aquel que se aproxime a su cría. En este tiempo se observa la lactancia como forma de alimentación y de aportación de sustancias que inmunizan al toro. La vaca no se separará del becerro, transmitiéndole las primeras enseñanzas sobre el campo y la naturaleza que lo habita.

3-Privilegio de la sanidad.

Las ganaderías de bravo cuentan en su plantilla con profesionales de la sanidad animal que velan por la salud de los toros. Los conocedores observan todos los días a todos los animales para cerciorarse de su buen estado. Con frecuencia semestral o anual se les analiza la sangre y, si se detecta alguna anomalía, se les aplica el tratamiento correspondiente. Si han sido heridos en una pelea se les cura. Si se han lesionado en el campo son atendidos de forma escrupulosa. Si se observa alguna debilidad o incidencia se analiza y se busca remedio. La salud del toro es uno de los principios que todo ganadero observa con absoluto rigor, ya que constituye una cuestión de honor.

4-Privilegio de una vida social.

Una vez que el becerro la cubierto el periodo de lactancia, comienza su alimentación natural en grandes pastizales en los que inicia su vida social. Durante los tres o cuatro años siguientes el añojo de convierte en eral, éste en utrero, para pasar a transformarse en musculados cuatreños y cinqueños. En este tiempo los toros viven en manadas más o menos numerosas en función del tamaño de la camada. El toro es un animal territorial y jerárquico, que encuentra en su grupo compañeros y antagonistas a los que disputa el terreno y el mando. El toro dominante se instala en el mejor espacio, pasta las mejores hierbas, bebe primero y establece un orden social que él domina y los demás deben respetar. La lucha por la jerarquía es cruel como consecuencia del carácter bravo del toro. Son continuos los juegos y las peleas, que en muchas ocasiones acaban causando graves heridas e incluso la muerte de los toros. Es una consecuencia de su carácter agresivo, que no se pretende paliar, pues es su esencia natural.

5-Privilegio de la individualidad, el nombre y el reconocimiento.

Cada res brava tiene un nombre concreto, ideado por el mayoral, que le identificará y reconocerá. El nombre se debe a la genealogía, pues en las ganaderías hay familias adscritas a una categoría concreta, como el universo, las flores, los oficios, la música o la pintura. El origen familiar, el propio aspecto del toro y la imaginación afectuosa del conocedor generan nombres como lunero, alhelí, ebanista, violín, capitán o caralimpia. Es práctica habitual que el recién nacido herede le nombre de la madre. Este apelativo acompañará a la res toda su vida, dotándole de identidad, individualidad y reconocimiento.

6-Privilegio de vivir en un entorno natural paradisiaco.

La dehesa es un espacio único, que genera una profunda sensación de paz, en el que tanto animales como hombres sienten un intenso bienestar. Se trata de un entorno de alto valor ecológico que es preservado con celo por el amor que los criadores tienen al campo y la naturaleza. A diferencia de animales estabulados, enjaulados o recluidos en viviendas humanas, el toro habita terrenos extensos, con una amplia libertad de movimientos, terrenos llenos de vida, en los que encuentra de forma natural todos los elementos necesarios para una existencia plena.

En sus primeros meses el becerro vive intensas aventura iniciáticas, pues se zafa de su madre para escrutar su entorno. Conoce corzos y zorros; remonta ríos; disfruta del aroma del tomillo, orégano y cantueso; cata hierbas diversas; se adentra en la espesura; escucha el canto del vencejo, el mirlo y el mochuelo; y asiste atónito a lentos amaneceres en los que el sol cautiva a su pupila azabache.

Sólo en España existen 300.000 hectáreas dedicadas a la cría del toro, lo que arroja una media de entre una y seis hectáreas por cada animal bravo, según las fincas. Es su espacio natural, en el que desarrolla su ciclo vital y se convierte en un temible guerrero.

7-Privilegio de no trabajar.

La vida del toro en la dehesa es de absoluta placidez. Desde que nace hasta que muere o es conducido a la plaza, realiza la vida que más le place, sin más obligación que alimentarse y estar sano. A diferencia de los animales que deben rendir trabajo para justificar su existencia y que son sacrificados si baja su productividad, el toro nace y vive sin obligaciones laborales.

8-Privilegio de encontrar alimento abundante.

Además de la lactancia materna, el alimento fundamental del toro son los pastos naturales que surgen en la dehesa. En momentos de escasez o sequía los vaqueros proporcionan forraje que facilita una alimentación plena y equilibrada. No existe toro alguno con déficit alimentario, especialmente en los meses anteriores a la lidia, en los que se intensifica la alimentación para desarrollar la musculatura y el poder del toro.

9-Privilegio de vivir en libertad.

Los amplios espacios destinados a hábitat del toro permiten una gran libertad de movimientos, hasta el punto que algunos toros esquivos pueden permanecer en la más absoluta soledad durante semanas, en las que el mayoral hará importantes esfuerzos por localizarlo y cerciorarse de su salud.

10-Privilegio de la integridad física.

El toro vive en plenitud física y lidia con todos sus atributos. Recursos como la castración o la mutilación, tan habituales en otras especies, son impensables, hasta el punto que un órgano aparentemente irrelevante como es el rabo, debe presentarse íntegro y sano para poder ser lidiado.

Antes de la corrida un comité veterinario analiza al toro, su tipo, su movilidad, su vista, su trapío y sólo es admitido para el combate si presenta condiciones de temible fiera, que puede alcanzar los setecientos kilos de peso.

Si al saltar al ruedo el toro sufre la menor indisposición, como cojera, calambre o problemas visuales, es inmediatamente sustituido y enviado al matadero convencional como otros muchos animales. Si a lo largo de la lidia el toro se lesiona, la lucha no tendrá sentido, pues uno de los contendientes está mermado, y el torero abrevia para evitar la humillación de la res. Los aficionados son muy sensibles a estos avatares y jamás toleran la lidia de un toro que presente lesión.

11-Privilegio de no ser manipulado.

El carácter agreste del toro debe respetarse, de modo que las manipulaciones, además de complicadas y peligrosas, están proscritas en el campo bravo. No se conocen casos de relaciones poco ajustadas a su naturaleza, y menos aún libidinosas, en la historia de la crianza del toro de lidia. El espacio vital del toro es muy amplio, y quien ose invadirlo corre grave riesgo de ser corneado.

12-Privilegio de no ser domesticado.

El toro vive con arreglo a sus más atávicos instintos. Su comportamiento agresivo no se ha alterado en los últimos siglos, y es eso lo que le hace diferente de los otros animales y le habilita para la lidia.

13-Privilegio de que su carácter sea respetado.

Los conocedores aseguran que el toro es un animal “muy caprichoso”, que siempre impone su criterio. Cuando es necesario conducirlo a un saneamiento hay que ser paciente y esperar a que el animal se encamine por donde se espera que lo haga.

Tratar al toro con prisa o precipitación no logra más que provocar su ira y poner aún en mayor riesgo a vaqueros y veterinarios.

14-Privilegio de claudicar.

El toro de lidia es un animal fiero y agresivo por naturaleza. Sin embargo no todos lo son en igual proporción. Por esa razón se efectúa una tienta, esto es, un simulacro de la suerte de varas en el que el toro demostrará el grado de tendencia a la lucha. Aquellos toros que no muestren suficiente celo serán sacrificados, como otros muchos animales, en un matadero convencional. Sólo aquellos de acreditada bravura comparecerán en el ruedo para enfrentarse al hombre y luchar por su vida de forma épica.

15-Privilegio de mantener a su prole:

Una ganadería brava está compuesta en España, por término medio, por 371 animales. Se trata concretamente de 162 hembras adultas, 50 novillas, 6 sementales, 23 toros, 31 utreros, 41 erales y 48 añojos. Eso significa que cada toro sustenta a quince animales, caso único en el campo europeo, a los que se procura igualmente privilegios fuera del alcance la inmensa mayoría de los seres vivos.

16-Privilegio de poder transmitir sus genes.

El criterio de selección de toros destinados a padrear varía mucho según el estilo de cada ganadero. En muchos casos se realiza una tienta, esto es, simulacro de la suerte de varas, tras la cual se selecciona para sementales a aquellos mejor dotados, quienes vivirán en la dehesa aportando su capital genético hasta su muerte natural. En otros casos los erales padrean a los dos años, vayan a ser o no lidiados en plaza. En otros se unen a las vacas a una edad más avanzada. En cualquiera de las situaciones los libros de la ganadería observan con celo la genealogía, de modo que puede saberse el origen concreto de cada animal, así como la familia concreta a la que pertenece.

17-Privilegio de morir dignamente.

La pugna que se desarrolla en el ruedo está reglamentada y obedece a un principio fundamental: facilitar que el toro muestre su grandeza. Todos los pasajes del rito están basados en las condiciones físicas y comportamentales del toro, y ofrece opciones reales de que venza en la lidia.

Los estudios científicos del profesor Illera, prestigioso doctor de la Universidad Complutense de Madrid, demuestran que durante la lidia el toro segrega una gran cantidad de beta-endorfinas, sustancias que inhiben el sufrimiento. La secreción de esta hormona del placer es de tal magnitud que llegaría a multiplicar por diez el volumen segregado por el hombre, y generaría la inexistencia de dolor. El insigne científico asegura en sus estudios que “El toro tiene un mecanismo especial para controlar el dolor”

La alternativa a la lidia sería la desaparición de la especie, pues no aporta más valor económico que el de su bravura, o bien estabularlos en contra de su voluntad, y sacrificarlos en un matadero convencional en el momento en el que el ratio volumen carne / coste fuera óptimo. Este nuevo paradigma diluiría casi todos los privilegios de que disfruta, y los convertiría en un ser manipulado y programado para ofrecer un rendimiento económico, despojado de su grandeza.

El toro es el único animal que tiene derecho a vender cara su vida, en un marco reglamentario claro, y a hacerlo mostrando todo el esplendor de su ancestral casta brava.

18-Privilegio de poder redimir su vida.

El reglamento taurino preceptúa el indulto del toro que haya demostrado unas condiciones de casta y bravura extraordinarias, a petición del público y del torero responsable de su lidia.

En ese caso se simula la estocada y el toro es retirado del ruedo, devuelto a la finca, curado y agasajado como un héroe. Habitualmente se destina a padrear, pues su carácter es digno de ser perpetuado.

Nombres célebres como Desteñido, de Álvaro Domecq, Belador, de Victorino Martín, o Idílico, de Núñez del Cubillo, engrosan la honrosa lista de toros que han conmovido al público por su encastada nobleza.

19-Privilegio de poder conseguir una dorada jubilación.

El toro indultado vuelve a la dehesa donde se convierte en un animal sagrado. El mayoral, los vaqueros, el ganadero, los aficionados y los toreros veneran al toro indultado, lo admiran, le llaman por su nombre, recuerdan su noble pelea en el ruedo, y van configurando la imagen de un mito.

El toro indultado será agasajado hasta el último día de su vida, tendrá la mejor de las atenciones, padreará, vivirá sin trabajar, disfrutando de hectáreas de terreno, y tendrá el privilegio de ser recordado como un referente, y como semental generador de una nueva ola de casta brava.

20-Privilegio de matar al hombre.

El toro bravo es el único animal que tiene derecho a matar al hombre. La muerte de un torero en el ruedo no es un accidente, es una consecuencia de la lidia, forma parte del argumento de la Tauromaquia, ya que es una lucha a muerte entre un hombre y un animal salvaje de una fortaleza descomunal. La tecnología facilita productos, tejidos y procedimientos para proteger al torero y dificultar su muerte, pero ningún lidiador los emplea, pues la dignidad de su profesión y el respeto al derecho que el toro tiene a matar se lo impiden.

Toros célebres como Barbudo, Perdigón, Jocinero, Pocapena, Agujeto, Granadino, Bailaor, Islero, Avispado, Burlero, Vitola, Cabatisto, Avioncito y una larga lista de más de cien, han pasado a la historia por haber causado la muerte a sus lidiadores. La relación de la gente del toro con ellos es de aceptación, e incluso de admiración, y algunas de las cabezas que portan los pitones homicidas se muestran en museos, como es el caso de la de Burlero, toro de Marcos Núñez que dio muerte a El Yiyo en 1985, expuesta en el Museo Taurino de Madrid.

Los toreros que han recibido cornadas que los han acercado a la muerte jamás manifiestan resentimiento hacia el toro, más bien al contrario, admiran su poder y le reconocen su casta y su afán indómito de matar como algo natural en su estirpe. Nunca se culpa al toro de una cornada, por grave que esta sea, pues el torero sabe que esa es la dimensión del toro y ese su instinto agresivo.

21-Privilegio de quedar en la memoria y ser recordado.

La Tauromaquia inspira la recreación artística de otras disciplinas, como la literatura. Desde hace más de diez siglos existen obras escritas en las que se glosan las hazañas de toros y toreros, obras que han trascendido a los inspiradores, y facilitan el recuerdo de grandes gestas. Del mismo modo la pintura, la escultura y la música rinden en algunos pasajes admiración a toros concretos, siendo inmortalizados por artistas de prestigio universal, como Goya, Picasso, Romero de Torres, Benlliure, Blasco Ibáñez, Cossio, Ortega y Gasset, Tierno Galván, Camilo José Cela o Mario Vargas Llosa.

22-Privilegio de poder entrar en la leyenda.

A lo largo de los siglos la Tauromaquia ha generado situaciones memorables protagonizadas por toros de inusual fortaleza, extraordinaria bravura o casta indómita. Estos toros descansan en el Olimpo, y sus hazañas son glosadas con pasión por cronistas, ensayistas y enciclopedistas. El toro Catalán, de Miura; Cigarrero, de Atanasio Fernández; y Borgoñés, de Victorino Martín, son protagonistas de pasajes inolvidables que les han situado en la leyenda de la Tauromaquia. Con sólo escuchar su nombre los aficionados figuran y rememoran, moldean la leyenda en un ejercicio de emoción incontenible.

23-Privilegio de ser considerado un dios.

Desde los albores de la humanidad el toro ha sido admirado como una divinidad por su fuerza, su nobleza y el instinto agresivo que no tiene parangón en la naturaleza. El toro ataca por instinto, no por necesidad, lo que siempre ha asombrado al hombre.

Desde que el ser humano tiene conciencia de su identidad y su destino, admira al toro y lo representa en cuevas, invocando su espíritu para protegerle del mal e inspirarle en la caza. El Villars (Francia) se conservan nítidas pinturas rupestres con 20.000 años de antigüedad que acreditan la fascinación que aquel hombre primitivo sentía ya por el toro.

Existen también vestigios de la adoración del toro en Egipto faraónico, para proseguir en Mesopotamia antigua y la Grecia Helenista. Los Romanos sacrificaban toros para dignificar sus victorias, identificándolos con la virilidad, la fortaleza y la nobleza.

La razón por la que se lidian toros y no otro animal hay que buscarla en su contumaz agresividad y en el poder físico de este animal, lo que supone un reto sólo al alcance de los hombres más valientes, de los mejor dotados, que no dudan en poner en juego su vida para acercarse, aunque sólo sea por un instante, a su estatus divino.

La veneración del toro ha pervivido hasta nuestros días merced a la Tauromaquia, que considera al toro un animal único y ritualiza su muerte para honrarle, preservar su gloria y engrosar su leyenda.

El toro vive como un dios, es idolatrado por los amantes del toreo, y muere entre la admiración y el reconocimiento de los intérpretes y estudiosos de este arte ancestral.

24-Privilegio de engendrar arte.

La Tauromaquia es reconocida internacionalmente como una actividad cultural y artística que debe perpetuarse por su origen milenario y su arraigo popular. En Francia es reconocida desde 2010 como Patrimonio Cultural Inmaterial, en España desde tres años después, categoría que representa para la UNESCO ser “el crisol de nuestra diversidad cultural y su conservación, una garantía de creatividad permanente”. En el proceso de creación artística, el rol del toro es preponderante, pues son su bella figura y sus armónicos movimientos el núcleo que hace posible este arte singular. La conexión entre el toro y el torero es tan profunda que el maestro Morante de la Puebla asegura que durante la lidia “Siento al toro como una parte de mi cuerpo”

El toro se funde con el torero para engendrar belleza. Sus perfiles, su bravura y su valor se amalgaman para integrarse en una obra de arte única y efímera.

Este rito, que se perpetúa cada tarde en grandes ciudades y aldeas rcónditas de España, Francia, Portugal e Iberoamérica, es una manifestación cultural de enorme dimensión, y la sublimación de la relación armónica del hombre con la naturaleza.


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